¿QUÉ ES CULTURA? Para no complicarnos con definiciones técnicas y palabras difíciles, y para hacerlo más visual, podemos comparar la cultura con un globo: tenemos una parte externa (que es lo que vemos) y una parte interna (el aire, que no vemos, pero es el que le da forma al globo). En todas (absolutamente TODAS) las culturas tenemos la misma parte visible (que equivaldría al látex del globo): música, comidas, costumbres, vestimentas, tradiciones, etc. etc. etc. Pero lo que diferencia una cultura de otra es lo interno ,aquello que (al igual que el aire del globo) le da forma: una concepción del mundo específica. Resumiendo: las variaciones que vemos entre culturas responden al pensamiento (o filosofía) que las engendró (al igual que vemos distintos los globos que inflamos de distinta manera…), mas allá de ciertas diferencias regionales que vemos en una misma base cultural (como puede ser lo que sucede entre la Quebrada de Humahuaca y algunas regiones de Bolivia). En realidad, lo verdaderamente importante, es eso que no vemos a simple vista: un pensamiento que da origen a una serie de manifestaciones de la cultura, que pierden sentido si no tienen ese pensamiento que lo sustenta (al igual que un globo que se desinfló). El error que, invariablemente, se comete cuando se habla de rescate cultural es apuntar a esas manifestaciones externas (cerámica, música, tejidos, comidas, etc.), sin tomar en cuenta lo interno de la cultura. DESVALORIZACIÓN CULTURAL. Desvalorizar al sojuzgado ha sido un arma que utilizaron los dominadores de todas las épocas. En esta zona se la utilizó desde la llegada de los españoles, pero se hizo mas evidente a partir del fracasado (gracias a los dioses) proyecto de "país a la europea" que trató de llevar a cabo la generación del 80. El Estado impulsó esta desvalorización por intermedio de una escuela que, entre otras cosas, hizo desaparecer el quechua e hizo sentir a los niños vergüenza de sus padres (a propósito de esto, es terrible escuchar los relatos que cuentan estos hechos, algunos de personas no mayores de 40 años, lo que nos muestra una realidad vigente hasta no hace mucho tiempo atrás). Distintas organizaciones sociales, de caridad, etc. se sumaron a esta "cruzada por el progreso" que, con la excusa de cambiar y mejorar a los lugareños, en realidad tendía a un sojuzgarlos todavía más. Es así que, según la percepción generalizada, aquí no tenemos músicos sino folcloristas (por más virtudes que tengan y por más que hayan dado la vuelta al mundo sus composiciones), no tenemos médicos sino curanderos (aunque estos "curanderos" hayan matado mucha menos gente que ciertos "médicos"), no tenemos meteorólogos sino "simpáticos abuelos que predicen el tiempo" (aunque los abuelos acierten mucho más que los meteorólogos), no tenemos historiadores sino "relatores de la tradición oral", no tenemos una "alta cocina" sino simplemente una "cocina regional" (aunque muchas picanteras cocinen más rico que algunos "chef")… La lista puede seguir, pero es un claro ejemplo de como ciertos conceptos van penetrando y, a la larga, van socavando la identidad de un pueblo y lo muestran desde la postura que les conviene a los dominadores. El golpe definitivo a esta cultura lo da la televisión a comienzos de los 90: por este medio llegan otros valores (totalmente ajenos a esta cultura y que hasta el momento se los vivía como parte de un mundo lejano) que penetran muy profundamente en la mentalidad de los quebradeños. Coincidiendo con esto, las actividades de la región, que eran mayormente agrícolas, se van transformando en netamente urbanas (la población de la ciudad aumenta y los agricultores, con razón, no quieren que sus hijos sigan sus pasos). Va desapareciendo, así, el pensamiento tradicional que servía como base a esta cultural ancestral y va siendo reemplazado por una visión mucho más globalizada, con objetivos y ambiciones que eran inimaginables hace unos años atrás. Es el momento en que la campera tejida por la abuela es reemplazada por una Adidas (trucha y contrabandeada de Villazón… porque la plata no alcanza para la auténtica), que se toman remises porque ya no se camina, que Juancito el Zorro y Pedro Urdemales son deglutidos por los Power Rangers y Barbie, que los "chulos" dejan paso a las gorras de béisbol, que los niños ya no hablan en lengua regional sino en mejicano… Lo terrible es que esta situación no ha traído mayor felicidad a los lugareños. Por el contrario, al orientar sus búsquedas hacia un materialismo que no pueden satisfacer, la sensación de frustración y de inferioridad es mayor aún. En la actualidad, la situación se complica con la declaratoria de Patrimonio de la Humanidad (cuyos alcances nadie conoce), el aumento del turismo y la llegada de "gringos con plata" (según la percepción de los lugareños) que invierten en emprendimientos turísticos: son los chivos expiatorios que justifican TODOS los males de la Quebrada (especialmente desde el discurso de algunos políticos) y surge un exacerbado sentimiento de pertenencia que ahonda la división entre "los de acá" y "los de afuera", que ya se venía marcando desde los 80. Se hace muy fuerte la sensación de quedar, una vez más, marginados y hay una idea de que "los de afuera" les están quitando espacios laborales que les pertenecen. Paradójicamente, la reacción es aferrarse a su condición de aborigen (condición negada hasta hace muy poco tiempo atrás) para revalidar sus derechos, llegando en algunos casos a una verdadera xenofobia.
TURISMO E IDENTIDAD. El cambio cultural es muy difícil de revertir (por no decir imposible). Tampoco es posible concebir culturas estancadas (porque en ese caso estarían muertas), pero se podrían tejer utopías sobre mantener valores tradicionales que humanizaran el tecnificado y globalizado mundo actual. Desde el turismo no se pueden lograr, al menos directamente, cambios en ese sentido, pero se puede apuntar a revalorizar la identidad andina mediante la revalorización de algunas manifestaciones culturales, especialmente las artesanías, la música, los relatos, etc. Esto implica pensar en un turismo donde el eje sería la participación de los lugareños y no el paisaje ni los emprendimientos turísticos. Obviamente, y por lo que decíamos al comienzo, no estaríamos rescatando la cultura, pero al darle importancia a estas manifestaciones culturales los lugareños sentirían que, al contrario de lo que siempre se les dijo, sus cosas sirven y son apreciadas… y que los saberes de sus abuelos tienen vigencia todavía. Además de contribuir a generar un orgullo hacia lo propio, el turismo sería un aporte a la economía familiar, con lo que los ingresos de la actividad se repartirían de una forma más "horizontal". Es sabido que el turismo, si está mal encarado, tiene efectos negativos sobre comunidades que se han mantenido relativamente aisladas. En el caso de las poblaciones y comunidades de Quebrada y Puna, su contacto con la "cultura urbana" (que también podríamos llamar, más apropiadamente, "cultura dominante") es muy fuerte (lo que permitió el proceso de aculturación y pérdida de identidad, no tenemos que pensar como si fuesen tribus aisladas en el medio del Amazonas…): por eso pienso que el turismo generaría un impacto negativo menor si está bien orientado. A ello se debe apuntar, ya que, desgraciadamente, lo queramos o no, los viajeros terminarán llegando aún a los sitios más alejados, debido a las actuales tendencias (o, mejor dicho, modas), donde se busca la ficción de una "aventura" realizada a bordo de tremendas 4x4 con aire acondicionado y hermeticidad total… para no ensuciar la ropa de safari recién comprada a precios exorbitantes. En la mayoría de los casos, en estas "aventuras" el lugareño es alguien que se ve detrás de los vidrios de las ventanillas y sólo sirve para la foto o, lo que es peor, es simplemente el objeto que recibirá las donaciones que se llevan (que no es más que tirar la basura en otro lado, pero mediante un acto que reafirma la posición de superioridad). Es necesario tener en cuenta algunos aspectos puntuales en este tema, para minimizar el impacto del turismo y para que las pequeñas comunidades (que hasta ahora reciben poco del turismo) se beneficien: - Las comunidades, nos guste o no, son las dueñas de los recursos turísticos (tanto del paisaje como, muy especialmente, de la cultura) por lo que, necesariamente, deben tener una utilidad en la explotación de los mismos. - Es prioritario que conozcan los efectos negativos que tiene el turismo, especialmente en lo referido a la tendencia a la mendicidad que aparece junto con el primer visitante. - Se debe tratar de que sigan siendo agricultores y/o pastores, y que el turismo sea un recurso extra (aunque sea el más importante económicamente), tanto para que no pierdan su cultura tradicional como para que no queden descolocados en caso de que, en uno de los tanto vaivenes que tiene la actividad turística, cambien las tendencias y dejen de recibir visitantes. - Deben comprender que es, justamente, LO QUE SON Y LO QUE PIENSAN el principal atractivo que tienen. - Se deben priorizar los relatos locales ante la "historia oficial" . - Por una cuestión de impacto, tanto ambiental como visual y cultural, este tipo visitas deberían orientarse a un público muy reducido.
Los prestadores, por su parte, deben tener una actitud de total respeto y tomar conciencia de que no están mostrando ejemplares exóticos ni fenómenos de circo, sino seres humanos que, a pesar de haber sido aplastados durante cinco siglos, poseen restos de una cultura que puede servir de ejemplo ante las estupideces humanas de hoy. Tampoco se debe olvidar que, más allá de los papeles que las consideran fiscales, los habitantes de estas pequeñas comunidades son los auténticos dueños de una tierra que poblaron y cuidaron por milenios… | | 












|