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13 de Enero. Salimos de Buenos Aires el domingo a las 16 hs. Estuvimos brindando con amigos que nos querían despedir y salimos bien tarde. Tomamos la Ruta Panamericana hasta la circunvalación de Rosario y luego conectamos con la Ruta Nacional 34, pasando por las localidades de Cañada Rosquín, Rafaela, Sunchales y Ceres. 14 de Enero. Santiago del Estero nos recibe con un calor infernal: Selva, Pinto, Herrera, Garza y en Fernández decidimos desechar dos posibles caminos: Termas de Río Hondo y Banda del Río Salí, y continuamos por la Ruta 34 a Pozo Hondo. No se imaginan lo aburrido y monótono de este camino. Plagado de mariposas blancas que se pegaba constantemente en el radiador. Una verdadera plaga. Así atravesamos parte del Chaco Salteño, donde el calor seco se hace insoportable, aún más teniendo una Niva y sin aire acondicionado. Para que tengan una idea todos los pueblos se llaman Pozo: Pozo Hondo, Tusca Pozo, Pampa Pozo y Pozo Betbeder. Evidentemente el agua escasea y mucho. Recién llegando a Rosario de la Frontera (Salta) nos reencontramos con una ruta en buenas condiciones. Subimos por Metán, Güemes, San Salvador de Jujuy, Yala, Lozano, entramos a la Quebrada de Humahuaca: Volcán, Purmamarca, Maimará, Tilcara y hacemos noche en Humahuaca. La primera noche hospedados y con una camita. Paramos en el "Hostal Azul", muy lindo, ubicado en la Banda de Arriba, cruzando el Río Grande. Fuimos a cenar a "Lo de Milli" que es una casona-peña y escuchamos tocar a "Leuke". Luego me prendí con ellos a tocar música del altiplano. 15 de Enero. Al día siguiente nos encontramos con un viejo conocido nuestro: "Beto" Salas. Guía de turistas y ceramista. Fuimos a su casa a comer y su hija Daniela nos presentó su nuevo "CD" con sus canciones. Canta muy bien al estilo Tamara Castro. Por la noche nos escapamos a Tilcara y paseamos un ratito por sus calles y por la feria de los artesanos. 16 de Enero: Día de las 26 horas. Retomamos el viaje hacia el norte. Pasamos por Hornaditas, una reserva aborigen, no bien se entra a la Puna Jujeña. El camino comienza a trepar a más de 3000 metros y ya no abandonamos casi por un mes, el altiplano (con alturas entre 3500 y 4600). Pasamos por el "Espinazo del Diablo" formación geológica con forma de ondas de colores. Entramos a Tres Cruces, pasamos Abra Pampa, el Huancar, Puesto del Marques, Intermedia, Pumahuasi y arribamos al mediodía a La Quiaca. Aquí empezamos a tramitar nuestra salida de Argentina e ingresar a territorio boliviano. Comenzaba la aventura! Villazón es un enorme hormiguero humano que va y que viene, gente cargando bolsas, mochilas, carros, mulas, bicicletas, etc. Realizando un comercio legal e ilegal de un país a otro. Nos trataron muy bien en ambos lados de la frontera. Aunque en Bolivia todo parece más desorganizado. Pero esto es una apreciación nuestra. La frontera del lado boliviano es un lugar caótico. Debe ser como una pequeña La Paz, te estresas mucho, entre el apunamiento, los pozos, las piedras, el serrucho, el polvo, las moscas, los trámites, te dejan de cama justo cuando en realidad empieza nuestro verdadero viaje. El camino es enripiado todo el tiempo, y hasta Tupiza se vuelve muy duro, con frecuentes vados, curvas y retomes. Hay tramos de serrucho y piedras grandes, y te cruzas en las curvas con camiones y micros que doblan muy escorados y te jugás en cada curva !!! La Niva se está portando de maravillas, salvo el ruidito en el rulemán de empuje y la rotura de mi cinturón de seguridad. Ahora la dirección está bastante dura y con este camino y los nervios se me está acalambrando la mano izquierda. A veces creo que no manejo sino que estoy remando. Pero chicos… vale la pena hacer esta travesía. Bolivia es un sitio de otro planeta. Ahora vamos a explicar el porqué de las 26 horas: el cambio horario entre Argentina y Bolivia es de dos horas menos, por lo tanto este día se convirtió en una jornada de 26 horas. Recomendado: el pueblito de Arenales, el Paraje Entre Ríos en el Valle de Tupiza y el Hotel Mitru, con pileta. 17 de Enero. Salimos de Tupiza para Uyuni. Un día que ya esperamos duro, por la geografía, los caminos y los kilómetros que tenemos que recorrer. En el mapa parece bastante sencillo: parar a comer en Atocha y luego cenar en Uyuni. El camino hasta Atocha es de una belleza singular; cambia el paisaje permanentemente, cada vuelta tiene distintas formas y colores y está salpicado por pueblitos con casas de adobe y techos de paja muy pintorescos. Muchos rebaños de cabras y ovejas, sembradíos y arroyos que invitan a parar de vez en cuando para sacar fotografías y disfrutar de la naturaleza. Caía la tarde, mientras nos internamos en un lecho de río, muy ancho y en unos minutos más se divisa la silueta de un pueblo recostado en las laderas de los cerros: Atocha. Alivio y alegría mientras a nuestras espaldas vemos una montaña que es la mina de plata, plomo y cinc, donde trabajan muchos habitantes del lugar y donde también viven con las napas contaminadas por el plomo. El pueblo tiene una extraña belleza, y una mezcla de melancolía y desolación. Atocha es surrealista, es incómoda, es violenta. Bajamos de la Niva, caminamos un poco y de repente nos vemos rodeados por un arreo de toros; pensamos lo peor, pero el chico que los conducía nos tranquiliza muy rápido, nosotros por las dudas nos subimos a un terraplén Hicimos un reabastecimiento de combustible (todavía llevábamos nafta argentina) y retomamos el camino a Uyuni. Teníamos que apurarnos porque rápidamente estaba anocheciendo y este es un camino muy hermoso, pero sin estaciones ni paradores. Comenzó a llover más fuerte al salir de Atocha; ripio y curvas pero sin tantas pendientes en adelante. Antes del pueblo de Cerdas había una 4x4 varada porque había perdido una tuerca del cardán; ayudamos, pero lamentablemente había muy poco tiempo de luz y se iba a hacer imposible encontrarla. Seguimos adelante. Empezamos a cruzar varios ríos, hasta que uno es especialmente correntoso: bajo la marcha y en primera simple, nos mandamos y nos quedamos justo en el medio del cruce!!! Creo que la cara se nos puso blanca del susto. Coloco la reductora, ruge el motor y despacito la voy sacando hasta la otra orilla. Aproximadamente a las 20:30 detecto que el alternador no estaba cargando la batería seguro que hacia un tiempo que no lo hacía. Seguro se había humedecido con tanto charco y río. Empezamos a preocuparnos porque nos íbamos a quedar en el medio de la nada. Cae la noche, y ya lloviendo con todo, comienzo a apagar una a una las luces para intentar economizar lo más posible la energía. El camino estaba todo embarrado y no podías salirte de la huella porque corrías el riesgo de encajarte ahí mismo y no poder salir. Bajo la velocidad a 30 km en segunda y ya casi en penumbra total, a las 21:30 aproximadamente se apaga el motor y ya no vuelve a arrancar… Nos quedamos en un lugar donde a esa hora ya no pasa nadie. Entre Cerdas y Tolapampa desolación total; ni una luz en el horizonte. Bueno, a prepararse a dormir en la Niva y pasar la tormenta y la noche hasta que por la mañana pase alguien y nos ayude. Nunca habíamos visto nada semejante: toda la naturaleza Boliviana se nos vino encima; la noche era cortada en dos por los refusilos y los truenos acompañaban unos instantes más tarde. El viento aparecía de a momentos con ráfagas y luego desaparecía. Nos acurrucamos cruzados en nuestros asientos, usando la ventanilla como almohada y los pies intentando calentarlos con las manos del otro. El termómetro empieza a bajar y echamos mano de todo cuanto tenemos de abrigo para pasar la noche. Coloco las balizas por las dudas. Igual, no pasaría nadie más hasta la mañana siguiente. 18 de Enero. Dormimos con el cuello duro, doblados, mal entre los asientos; de a poco comienza a amanecer y nuestros ánimos mejoran esperando un rescate. A eso de las 6:00 vemos que se acerca una Toyota Land Cruiser; hacemos señas, para, se acerca, abrimos el capot, nos da carga pero no responde bien y al poco tiempo desistimos de la operación me dice que está apurado, pero que de todas formas alguien me va a ayudar. Al rato aparece otra Toyota con varios mineros que venían desde Atocha, hacemos señas, paran, se acercan, revisan y sacan una batería que tenían de repuesto y la rusita vuelve a arrancar con batería prestada!! Alegría infinita. Continuamos el viaje los dos vehículos juntos, pasamos Tolapampa, y a eso de las 9:00 de la mañana vemos adelante unos vehículos parados frente a un río. Nos acercamos y rápidamente entendemos que no vamos a poder pasar por algún tiempo: el río Colorado está muy crecido por las lluvias arriba y está bajando el agua con todo. El puente ferroviario, a 50 metros de nosotros, apenas se ve por encima del nivel del río y amenaza con romperse frente a nosotros. Tenemos un badén de cemento que está desbordado por la corriente. La única solución es esperar unas horas hasta que el nivel del río baje. Al poco tiempo de estar esperando, en la orilla opuesta a nosotros, aparece un ómnibus de pasajeros, enfila hasta el borde del agua, acelera el motor, todos contenemos la respiración…el chofer percibe algo en el aire, siente su momento de gloria y encara pese a la sorpresa de todos. El colectivo avanza decidido, supera el primer tramo y habiendo pasado la mitad del río comienza a moverse hacia un costado, 5 metros lo separan de la otra orilla cuando muerde la rueda delantera derecha el lecho del río, se ladea y se encaja. Gritos, desesperación, corridas Alguien que grita que no apague el motor, otro que no se muevan, corro a buscar la eslinga y se la tiramos al chofer para que la ate al eje delantero. Confusión, nervios, no hay nada organizado. Pero el hombre tiene su instinto de supervivencia. Unos ayudan y otros observan paralizados. Es raro, esto nos está pasando a nosotros, esto es real, bien real. Vamos sacando una por una a todas las personas atrapadas dentro del micro. Llevamos rescatadas unas diez, cuando el colectivo termina de volcarse y queda semisumergido en el río. Más pánico y gritos y llantos; una chica desesperada se arroja al agua y por poco no termina ahogada. A las dos horas terminamos con el rescate de todas las personas y parte del equipaje. Todas las personas socorridas y los rescatistas fueron atendidos sin recibir ayuda de vialidad, de policía o de bomberos. Entre todos nos solidarizamos y nos prestamos ropa de abrigo, mantas, comida y bebidas. Bolivianos, Argentinos, Alemanes etc. todos juntos ayudamos ante la desgracia que podría haber sido peor. El resto del día se pierde esperando una bajante que no llega jamás. Pasan las horas, oscurece, otra noche en la Niva. 19 de Enero. Algunos vehículos más altos que la Niva comienzan a cruzar después de la medianoche. Nosotros optamos por dormir un poco y esperar que baje el agua junto con la Toyota de los mineros que nos prestaron la batería. A eso de las 5:00 decidimos encarar el cruce. Nos intimidaba la enorme silueta oscura del colectivo a un costado. Hago luces avisando que cruzamos, encaramos y cruzamos. Alegría total. Seguimos rumbo a Uyuni. Siempre lloviendo estamos a sólo 5 km del pueblo, camino con mucho barro, chocolate puro, y en eso muerdo el borde y me voy a la zanja; imposible de salir, ni lo intento porque sólo lograría hundirme más. Eslinga, pala y a seguir otra vez. Llegamos a Uyuni a eso de las 6:00 no pueden imaginar lo que se siente después de dormir dos noches seguidas en la Niva!!! Lo primero que hacemos es devolver la batería a los mineros, que se portaron como verdaderos hermanos nuestros. Nos quedamos estacionados frente al local del electricista. Lo esperamos unas dos horas hasta que llega, nos atiende y le dejamos la Niva. La tenemos que retirar a las 14.00 hs. Ahora nos vamos a buscar un hotel, nos hospedamos y vamos a comer algo caliente. Dormimos una siesta y recuperamos la Niva a la tarde. Contratamos una excursión para mañana conocer el salar Continuará…. Rodolfo Farias Niva 1.7 San Telmo - Bs As. Argentina
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